Hablemos de...Desarrollar la intuición
Una inmersión de los sentidos
Escuchar lo que nos dice el cuerpo, las emociones y la intuición es algo que está muy vivo en mi vida. Y también lo está la decisión consciente de a qué le doy más espacio. Porque todo el tiempo están esas señales, pero no siempre las escucho o les doy lugar.
Creo que vos también estás percibiendo estas cosas. La cuestión es cuándo, cómo y si realmente les damos un espacio a esas escuchas.
En mi caso:
Me doblé el tobillo dos veces en 2024, y me costó mucho captar el mensaje que eso tenía para mí.
Sabía, sentía con mucha claridad, que no tenía que ir a un lugar. Algo dentro mío me lo gritaba fuerte. Sin embargo, fui. No la pasé bien.
Había una incomodidad grande con una persona y no entendía por qué, hasta que el vínculo se pulverizó.
Y así puedo nombrar muchos otros momentos en los que esas señales aparecen, pero las desoigo. Porque a veces se contradicen con el pensamiento concreto, con el mandato de hacer las cosas bien, de cumplir, de ser correcta.
Y no solo eso: encima están las distinciones morales y éticas, que nos enseñaron como una especie de GPS para ir por el camino “correcto”. Pero cuando logro correr esas voces, esas 150 Marías que tengo adentro, y escucho mi necesidad más profunda, aparecen sonidos distintos.
Son otras voces.
Me sorprenden.
Me interpelan.
No son comunes.
Y ahí aparece otra decisión: ¿Qué hago con eso? ¿Qué de eso recibo mágicamente? ¿Qué me atraviesa? ¿Qué me mueve? Es como una danza, hasta que llega el momento de la acción.
A veces me divierte ver cómo todas mis intuiciones y pensamientos discuten entre ellos. Pero también me pesa darle tanta seriedad e importancia a ese momento. Ahí la risa me sirve como antídoto. Me ayuda cuando me estoy tomando demasiado en serio. Me puedo reír cuando me veo empacada en mi propia rigidez, que suele esconder oscuridad, un poco de orgullo, y también timidez.
Dentro de las voces hay muchas conocidas y algunas nuevas, estás voces representas eventos pasados y presentes, son mías y la vez son las de mi madre, la de mi padre, la del médico que me operó cuando era chiquita, la del vecino, la del policía de la esquina. Y cuando logro salir para verlas hablar es una fiesta!
Lo más curioso es que, aún con todo esto que veo, muchas veces sigo ignorando a mis propios seres y a mis intuiciones. Y sigo moviéndome en la vida desde ese ritmo autoimpuesto, que ya se volvió automático y algo violento.
Camila Sosa Villada dice en la nota que adentro tenemos a nuestra fachista interna, recordando ese frase, quise mirar a la mía a los ojos y al charlar con ella me di cuenta que la violencia empieza primero conmigo.
Me sirve la conciencia, esta que aparece ahora mientras escribo estas palabras. La conciencia de mis múltiples voces, de mis intuiciones y también de mis limitaciones. Porque todo eso, junto, es lo que le da vida a ese ser que soy yo.
Bueno… todo este viaje te lo comparto para invitarte a participar de un espacio de desarrollo de la intuición, que como es algo que me interesa, estoy llevando a cabo una vez al mes. Ojalá te resuene.
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